jueves, 4 de octubre de 2012

RIRIMATO

- Autora: @askthewind 

- Tipo: B.A.P, serial, menores 18, idol (misterio) x fan, hetero 


CAPÍTULO 5: UNA RAZÓN PARA CONTINUAR



Tranquilízate, hyung, esto… ¡Hyung! — Zelo no era capaz de controlar los nervios de su líder. Yongguk caminaba de un lado a otro en el servicio de la planta baja, haciendo resonar sus pasos furiosos por el suelo de azulejo de la habitación. Su respiración se mezclaba con el suave vibrar el conducto de ventilación, violenta e irritada.
            Tras pasearse los servicios de un lado a otro decenas de veces, se apoyó en la barrera de lavabos con ambos brazos y agachó la cabeza, suspirando lentamente, de forma pausada y casi atemorizante. Zelo lamentó al instante haberle hablado de ese modo.
            — Cállate — la voz de Yongguk sonó débil, cansada; no alzó la cabeza ni se movió de su postura inicial cuando dejó salir aquel susurro frágil y desesperado. El maknae podía notar el dolor en la falta de ánimo de Yongguk, la inapetencia, la desgana de pelea o discusión en todas sus formas. Dejó escapar un suspiro tan profundo que incluso eclipsó el sonido del conducto del aire.
            — Hyung… Voy a buscar algo para que te tranquilices, ¿de acuerdo? — Zelo no recibió respuesta alguna. Esbozó una mueca de inseguridad — Espérame aquí.
            El maknae salió del lugar dejando a Yongguk sólo con su rabia y su decepción. Permaneció quieto, inmerso en su mundo, de forma que todo el ruido de su alrededor terminó por desaparecer y el volumen de sus pensamientos creció de forma desmesurada. Se podía oír a sí mismo preguntándose por qué, por qué todo había salido de ese modo. Y pensar que la idea del concurso… había sido suya. Ese maldito concurso lo había estropeado todo.
            “Podríamos estar grabando ya sin problemas. Saliendo a las cuatro de la mañana como de costumbre, llegar a casa y dormir hasta que sale el sol. Despertar y seguir grabando sin más preocupaciones que la de salir atractivo en la pantalla. Nunca habrían existido los proyectiles de café, ni las ensaladillas humanas. No habría llantos ni problemas, ni tantas discusiones. Al final será cierto… y toda la culpa ha sido mía.
            Podría haber seguido con su martirio personal, pero una voz le llamó la atención.

……….


            Yoori se limpiaba tímidamente, entre sollozos, intentando evitar la mirada de Youngjae, que permanecía apoyado en la barra de lavabos del servicio de mujeres de espaldas a los espejos, de brazos cruzados y con los ojos cerrados. El silencio se hacía realmente incómodo. Yoori nunca pensó que aquel chico llegaría arrastrarla de aquel modo a los servicios de señoras de la planta baja y que la obligaría a arreglarse un poco. “No pensarás mostrarte así ante los demás”, le había dicho, molesto.
            — Gracias — murmuró de repente, rompiendo bruscamente el silencio, mientras se arrancaba una espina de pescado del pelo — Por… enseñarme el camino a los baños.
            — No fue nada.
            La situación era demasiado tensa.
            — Yoori.
            — ¿M-Mmm?
            La chica desvió la mirada hacia él, viendo como echaba la cabeza hacia atrás sin abrir los ojos y se cubría la cara con una de sus manos después de exhalar un profundo suspiro nasal, pesado y lento. Yoori sentía por alguna razón que aquella mueca no podía augurar nada nuevo.
            — ¿Por qué has venido?
            — Pues-
            — Era una pregunta retórica. Ya sé a qué has venido — Youngjae parecía nervioso, ni él mismo se entendía — Pero no deberías estar aquí. Pensaba que habías renunciado.
            — He… venido a negociar mi renuncia.
            — ¿Negociar?
            — Me he dado cuenta de que ha sido una solución… precipitada. No… No quiero abandonar — a pesar del aún presente temblor en sus piernas, parecía segura.
            Youngjae la miró en silencio.
            — Yoori… No quería llegar a este punto. No contigo. Te aprecio — el chico empezó a acercarse a ella, obligándola a retroceder varios pasos hacia atrás inconscientemente. Su mueca de estupor parecía pasar desapercibida ante la mirada fija y vacía de Youngjae, segura ante todo. La espalda de Yoori chocó contra la pared bruscamente, y fue entonces cuando pudo empezar a notar como disminuía el espacio entre ambos, el aire. Disminuían sus posibilidades y oportunidades de escapar por cada paso que avanzaba, aunque realmente sus piernas tampoco le dejaban moverse. “Estoy jodida”, pensaba, sintiéndose sonrojada.
            Youngjae detuvo sus pasos una vez que el espacio entre ambos se redujo a cero. La chica podía sentir la hebilla de su pantalón rozando su cintura, la presión de ambos abdómenes, el uno contra el otro. Su aliento cálido y lento empezó a aproximarse cuando éste se agachó a su altura, colocando uno de sus brazos en la pared, a uno de los lados de su cabeza. “Muy cerca, muy cerca”, Yoori quería irse de allí. “Cabrón, demasiado cerca…
            — Vete, Yoori. Abandona. No voy a permitir que ganes este concurso.
            Todo el calor que Youngjae había conseguido hacer subir desde sus pies hasta sus mejillas con aquel acercamiento repentino se convirtió instantáneamente en un frío congelador que la heló, de la cabeza a los pies. Se sintió como un cubito de hielo partiéndose en mil pedazos al estallarse de bruces contra el suelo. Todo lo que pudo hacer fue alzar la mirada y fijarla en él, encogida con suavidad, pues sentía que en cualquier momento sus rostros se rozarían de lo cerca que estaban.
            No había llegado a entender del todo las palabras del cantante.
            — ¿Pe… Perdón? — susurró, vergonzosa, con la voz entrecortada.
            — Yoori… No puedes ganar este concurso. No. Se acabó. Esto se me está yendo de las manos — Youngjae cerró los ojos con apuro. Cuanto más veía sus muecas y reacciones, más se convencía Yoori de que estaba hablando en serio, y, consecuentemente, más miedo le daba lo que pudiese salir de aquella conversación — No… No puedes. No.
            — Youngjae… ¿Qué te pasa?
            — ¡No me pasa nada! ¡Me pasa que estás aquí, y no deberías estar! — Yoori pegó un brinco por culpa de aquel repentino berrido que el cantante dejó escapar junto con un golpe con el brazo al lado de su cabeza en plena pared, haciendo retumbar un eco bruto y vacío junto a su oreja. Una vez más tranquilo, suspiró — Vete. ¡Vete!
            — ¡Déjate de gritos y cuéntame qué es lo que ocurre!
            La chica ya no podía ver ni siquiera el lado bueno de la postura en la que ambos se encontraban, tan cerca. Se había enderezado sin miedo y había fruncido el ceño con la mirada bien fija en los ojos de Youngjae, obligándolo a alzarse y a empezar a pasear por el servicio de señoras como si le faltara espacio. Terminó quedándose quieto de espaldas a ella, suspirando nervioso.
            — No quiero que te ocurra nada más, Yoori.
            — No dejaré que me ocurra nada más.
            — Deja de halar de lo que no sabes.
            — ¿Qué es lo que no sé?
            — ¡Todo!
            — ¡Cuéntamelo de una maldita vez!
            — ¿Qué quieres que te cuente, eh? ¡¿Qué es lo que quieres?! — se veía que el chico era incapaz de mantener la calma durante aquella discusión. Se notaba al borde del colapso.
            — ¡¿Tú qué crees?! — aunque ella tampoco se quedaba atrás — ¡Que me expliques a qué viene todo esto!
            — ¡Intento ayudarte!
            — ¿Ayudarme? ¡¿Ayudarme a qué?!
            — ¡A alejarte de Eunhee, maldita sea! ¡¿No te das cuenta de que volverá a por ti?!
            Yoori entreabrió los labios con mala cara para contestarle pero entonces una duda inquietante punzó su nervio más sensible.
            “No recuerdo haberle contado a Youngjae nada sobre esa víbora.
            Y Youngjae también pareció entender al instante la mueca que se le quedó a Yoori tras pensar detenidamente en ese hecho.
            — ¿Cómo lo…? — susurró la chica, mirándolo fijamente, como un polígrafo humano.
            Youngjae frunció los labios y volvió a girarse de espaldas a ella. Blasfemaba por lo bajo sin quitarse una de las manos de la cara, ignorando ahora el hecho de que la lógica de Yoori había comenzado a funcionar. O realmente, eso intentaba. La chica pensaba y pensaba pero no era capaz de encontrar ese dato que le hacía falta para encontrar sentido a todo el embrollo. Pero entonces lo vio. Claro, conciso. Una chispa brotó en su interior y el mundo se le vino encima. Todo coincidía.
            — Fuiste tú… — el eco del susurro suave e incrédulo que dejó escapar resonó en el servicio vacío. Yoori alzó una de sus manos con suavidad y dejó que su índice señalase culpabilizador al cantante, sin un ápice de reparo. No podía creérselo. Se negaba a pensar que todo lo que su mente había conectado tenía sentido. Se sentía… traicionada — Tú le pasaste a ese bicho toda la información que quiso sobre mí… — La mirada de Yoori se perdió en el suelo, pensativa, mientras conectaba todas sus pistas — Mi dirección, mis redes sociales, mi teléfono móvil… Incluso podría saber todas las veces que me disponía a visitaros…
            Yoori alzó la cabeza, mirando a la espalda quieta y estática de Youngjae. Quería llorar pero las lágrimas no le salían.
            — Fuiste tú…

……….


            Casi sin darse cuenta, Daehyun se había quedado solo junto a la furgoneta, estático, aún incrédulo sobre lo que había visto hacía escasa media hora antes. Himchan y Jongup aparecieron al poco rato con Eunhee, sorprendidos ante la soledad que rodeaba a su compañero.
            — ¿Y los demás? — preguntó el visual del grupo, mirando a todos lados.
            Daehyun tardó en reaccionar ante las palabras de su compañero. Alzó la mirada con un aire perdido y se encogió de hombros sin palabras, sembrando la desconfianza en Himchan.
            — No lo sé — se limitó a decir.
            Minutos más tarde, las voces de Zelo y Yongguk empezaron a sonar a lo lejos, acercándose cada vez más. El maknae del grupo revoloteaba alrededor de su líder con una taza de infusión humeante en las manos, siendo totalmente ignorado por el mayor, que caminaba erguido y estático hacia el resto del grupo, como si realmente no estuviese sintiendo la presencia de Zelo alrededor de él.
            — Vamos, tómate esto, hyung, estás nervioso. ¿Hyung?
            — ¿Ya le habéis enseñado la sala de material? — Yongguk se giró hacia Jongup.
            — ¡Iah, hyung!
            Jongup desvió la mirada disimuladamente hacia Zelo, aguantándose una risilla de compasión.
            — Sí, aunque con tanta gente de un lado para otro ha sido difícil — le respondió.
            — Deberíamos irnos ya — Himchan alzó una de sus manos para ver su reloj de plata — ¿Dónde se ha metido Youngjae?
            Daehyun sintió una molestia opresora en el interior de su pecho, una punzada de dolor que duró una milésima de segundo pero que perduró en su cuerpo incluso cuando los demás siguieron hablando, ajenos a su sentimiento oculto.
            — No lo he visto por ningún lado. Y eso que me he paseado el edificio entero — Zelo se encogió de hombros, sujetando la taza humeante de infusión entre sus manos. Sin decir nada, Yongguk estiró la mano y cogió el asa de la taza, arrebatándosela sin tan siquiera girarse a mirarlo, y le dio un sorbo a su contenido. Se mantenía serio y relajado. Al menos, aparentemente.
            — Iré a buscarlo — dictó.
            — No, iré yo — Daehyun impulsó su espalda, dejando de apoyarse en la furgoneta, y se aproximó varios pasos al líder, con seguridad.
            — ¿Por qué? — inquirió, curioso.
            — ¿Y por qué no?
            Yongguk entrecerró los ojos, sospechoso.
            — ¿De qué habláis?
            Todos se giraron de repente ante aquella voz, viendo aparecer a Youngjae, tranquilo, que detuvo sus pasos al quedarse entre Zelo y Himchan.
            — ¿Dónde te habías metido? — el visual le dio un golpe suave en un brazo, bromeando.
            — Perdón, perdón. No me encontraba muy bien — le respondió, sonriendo.
            — ¿A dónde has ido?
            Youngjae se giró hacia la voz sin pensar, viendo la mueca de un serio Daehyun que para los demás podía simular igual de frío que de costumbre, pero que él podía sentir como un polígrafo que, dijese lo que dijese, detectaría su mentira. Dejó de mirarlo directamente, alzó una de sus manos y se rascó el cabello con parsimonia, menguando su sonrisa.
            — A por mis pastillas para el dolor de cabeza, no lo soportaba.
            — …Ya veo.
            “¿Qué diablos le pasa?” Daehyun se había quedado en silencio después de aquella conversación, oyendo el eco lejano de la animada charla del resto de sus compañeros con aquella chica, como si aquella contestación hubiese sido totalmente creíble. “¿Y qué les pasa a los demás?” Sus orbes castaños se desviaban disimuladamente hacia sus compañeros, uno a uno. Himchan, Zelo, Yongguk. Todos parecían conformes con aquella excusa que a él le ponía la piel de gallina. “Es cierto.” Sin embargo, él no podía dejar de darle vueltas a las cosas. “Ellos no lo saben. No la han visto llegar.” Youngjae se veía increíblemente tranquilo. Tan relajado, tan sonriente. Como si nada hubiese pasado.
            “Y si ha entrado acompañado… ¿Por qué ha salido sólo?

            Yongguk observaba a todos sus compañeros charlando con tranquilidad. A veces desviaba la mirada hacia Eunhee, a quien pillaba mirándolo con disimulo, pero siempre sonreía y seguía charlando con timidez, desviando la mirada. La veía tranquila. Tan tranquila que le daban ganas de escupirle.
            “No pienso ensuciar a B.A.P. con eso.
            — ¿Yongguk? ¿A dónde vas?
            El líder ignoró el grito de Himchan. Simplemente siguió corriendo y se perdió en el interior de aquel estudio otra vez.

…………

            Con una cierta inquietud, el líder empezó a mirar a todos lados, ignorando el revuelo del edificio. “Tiene que estar por aquí”, pensaba, incesante. “De haber salido la habríamos visto.”
            Yongguk se recorrió el edificio de arriba abajo, literalmente. No se dejó una sola habitación por revisar, ni una sola esquina por escudriñar. Y sin embargo, el resultado de su búsqueda desesperada había sido tan tristemente negativo que tenía ganas de golpearse a sí mismo. Ni una sola pista, ni un rastro de aquella chica.
            — ¿Dónde se habrá metido? — suspiró, susurrándose a sí mismo, agotado.
            “Quizá debería seguir el rastro de la desgracia”. Aquel pensamiento se le antojó curioso e inevitable en su mente. A fin de cuentas, el líder mantenía a aquella chica como una diosa de la mala fortuna. “Qué tontería.” En aquella situación no veía mal un poco de humor, y aquel comentario había bastado para hacerle reunir fuerzas de nuevo para empezar a buscar. Se dio la vuelta para rastrear la zona de camerinos pero, apenas anduvo un par de pasos, un gran estruendo y una hilera de voces estridentes y horrorizadas llamaron su atención.
            — ¡Que no escape, maldita sea, que no escape!
            — ¡¿Quién ha sido?!
            — ¡No lo sé, se ha ido corriendo!
            — ¡Dios Santo, el equipo! ¡El director nos va a comer vivos!
            No puede ser”, pensó Yongguk. Casi sin pensarlo, sus pies empezaron a correr en aquella dirección. Nada más cruzar la curva del pasillo pudo ver a uno de los ayudantes de equipo tirado en el suelo, con un par de grandes cámaras de grabación a su lado, desperdigadas por la moqueta roja en cientos de pedazos; los cristales rotos de los objetivos reflectaban la luz del techo, casi cegadora. Un carro metálico había volcado, y por el suelo se desperdigaban pantallas, cámaras, focos rotos y materiales varios que realmente podrían valer una fortuna. Múltiples miembros del staff se aglomeraban alrededor de aquel pobre hombre, murmurando nerviosos.
            — ¿Qué ha pasado? — Yongguk se acercó, con una mueca de horror que realmente haría dudar a cualquiera sobre si realmente quería saber sobre lo ocurrido o no.
            — ¡El equipo, el equipo! ¡Alguien se ha cargado el equipo! — uno de los ayudantes parecía histérico.
            — ¿Quién ha sido?
            — ¡No lo sé, y más le vale que siga sin saberlo…! ¡Se escapó corriendo!
            El hombre empezó a maldecir a gritos. Yongguk se acercó al hombre que estaba tirado en el suelo, haciéndose un sitio por entre todos los que intentaban ayudarlo.
            — ¿Qué ha pasado? — repitió, mirándolo fijamente.
            — No… No lo sé — tartamudeó el hombre, con una mano sobre su cabeza, dolorido — Esa… Esa chica — se mantenía con los ojos entrecerrados, adolorido por las luces del techo que impactaban directamente en sus pupilas — Yo… sólo quería ayudarla. Parecía nerviosa. Entonces me… resbalé.
            — ¿Te resbalaste?
            El hombre suspiró, apesadumbrado.
            — No… No vas a creerme. Un huevo. Me resbalé con un huevo crudo. Estaba tirado en el suelo, a varios pasos de esa chica. Se había sentado en medio del pasillo, y…
            Yongguk no le dio tiempo a terminar. Se impulsó con rapidez y echó a correr por el pasillo, incrédulo ante lo que acababa de oír. “Ha vuelto a hacerlo.” La sangre le hervía. Podía ver en su mente el recuerdo de la mueca sonriente y tímida de aquella víbora a pesar de todo lo que había hecho.
            Empezó a observar por todas las habitaciones que quedaban en aquella planta. Su lógica determinó que si aquel gran carro con material había volcado en mitad del pasillo, ella habría sido incapaz de huir en esa dirección, por lo que habría tenido que correr en dirección contraria. “Y este pasillo es un callejón sin salida.”, dictó el líder. Podía ver dos hileras de puertas a ambos lados del corredor. Tenía que estar en alguna de ellas.
            Pero los camerinos estaban vacíos. Las salas de vestuario tan sólo albergaban montones de ropa usada y por estrenar, esperando a algún photoshoot o al comienzo de la grabación. Sólo le quedaban cuatro puertas por inspeccionar. La sala de material, la sala de prácticas y los servicios de la planta. Empezaba a perder la esperanza. “Quizá y sí que fue capaz de escapar en la otra dirección…”
            Yongguk no se podía creer que estuviese a punto de hacer lo que tenía en mente. Desvió con disimulo la mirada hacia el cúmulo de personas del final del pasillo que levemente iba menguando, y de una zancada rápida se introdujo en el servicio de mujeres, rezando porque estuviese vacío. Sudaba sólo de pensar que podría no estarlo. Abrió la puerta y, efectivamente, el silencio se apoderó de la habitación. Tan sólo se oía el aire reverberando y el eco del ruido exterior del pasillo, ahora lejano. Yongguk sentía el eco del ruido de sus mocasines dos veces más fuerte de lo normal. Tenía que estar allí.
            — ¿Yo…-?
            No le dio tiempo a preguntar. ¿Cómo se podía definir ese sentimiento, esa sensación que siempre nace en el interior de uno mismo cuando siente que está en peligro? Reflejos, quizá. Sentirse alerta, como si se tratase de una presa a punto de ser capturada. Sin perder ni un segundo, se giró hacia atrás, momento en que vio salir a alguien de detrás de la puerta. Apenas tuvo tiempo para alzar los brazos y detener un golpe que probablemente lo habría dejado K.O. en un segundo.
            — ¡¿P-Pero que…?
            — ¡¡D-Dejadme, dejadme!! — Yoori empezó a gritar desesperadamente, con los ojos cerrados y zarandeando un bote de ambientador metálico –y probablemente bastante contundente- en alto, amenazando con golpear a Yongguk si no se apartaba de su camino — ¡¡Ha sido un accidente, y-yo sólo quería…-!!
            — ¡O-Oye, estate quieta! ¡Soy yo, soy yo! ¡¿Qué diablos haces?! — Yongguk no sabía qué hacer para hacerse notar. Aquel ataque lo tomó totalmente por sorpresa. Retrocedía sobre sus propios pasos de forma torpe intentando agarrar las manos de la chica para arrebatarle aquel objeto de las manos antes de que hiciese algo de lo que pudiese arrepentirse más tarde.
            — ¡S-Sólo quería marcharme, sólo quería marcharme! — ella no parecía estar haciéndole caso. Gritaba de forma desesperada, zarandeando aquel bote en alto, sin dejar de exculparse ni un segundo — ¡Nunca quise romper na-…!
            Pero la broma se le estaba haciendo muy larga a Yongguk. Una vez que por fin entendió la situación, dejó de dar manotazos al aire y esperó a poder capturar realmente las muñecas de la chica con sus manos, bloqueando sus dos brazos, arrebatándole finalmente aquella arma y consiguiendo que abriese los ojos; ambos se quedaron en silencio, mirándose mutuamente tras aquel incómodo momento. Respiraban de forma agitada, sin saber exactamente qué decir. Al menos, ella no sabía que decir.
            — ¡¿Intentabas matarme?! — Yongguk parecía ofendido.
            — ¡¿Q-Quien te manda entrar sin avisar?! — Yoori se defendía como podía, intentando soltarse del agarre del chico — O mejor dicho, ¡¿quién te manda entrar aquí?!
            — ¡Te estaba buscando! ¡Cállate, te van a oír! — Yongguk podía sentir el eco de aquella habitación y definitivamente la chica estaba gritando mucho. Y no era capaz de sosegarla. Ambos forcejeaban tontamente, entre gritos ahogados, hasta que nos pasos los hicieron guardar silencio. Yoori se giró hacia la puerta instantáneamente, esbozando una mueca de desesperación y la intención de gritar de forma escandalosa, una intención que Yongguk pudo ver y prevenir antes de que fuese demasiado tarde. “Ya están aquí”, susurró, nervioso, cuando sintió las voces de los miembros del equipo aproximándose a los servicios. “Mierda, mierda, mierda”.
            — Me van a matar, me van a matar — sollozaba tímidamente Yoori, aún forcejeando con Yongguk — ¡Suéltame, capullo, tengo que irme de aquí!
            — ¡No hay salida, mocosa! ¡Cállate!
            Viendo que no era capaz de hacerla callar, Yongguk la giró y la puso de espaldas a él, pegando la espalda de la chica a su propio cuerpo, la agarró con uno de sus brazos por la cintura para evitar que se alejase y con el otro le tapó la boca, impidiendo más gritos desesperados. Con un suave impulso la sostuvo en peso, momento en que la chica empezó a patalear tontamente en el aire buscando la libertad, y Yongguk aprovechó para caminar de espaldas hacia uno de los servicios que tenía tras él y cuya puerta abierta parecía llamarlo para servir de escondite perfecto. Justo cuando entró en él y cerró la puerta tras de sí, los miembros del equipo invadieron el servicio vacío, mirando a todos lados con curiosidad.
            — Que extraño. Pensaba que había escuchado voces.
            — Habrán sido los nervios del momento — inquirió otro, adentrándose en el servicio. Yongguk permanecía quieto en el interior de aquel pequeño cubículo, sujetando férreamente a la chica contra su cuerpo y tapándole la boca con fuerza. Ella giraba el rostro hacia atrás a veces y podía ver la mueca del líder de “si dices una palabra te arranco las cuerdas vocales”, aunque era más una súplica que una orden. Quizá era su mirada, quizá su aura atemorizante, o quizá era sentir el palpitar rápido y tembloroso de aquel hombre en su espalda, tan pegado a su cuerpo que casi lo sentía como un miedo propio… No sabía exactamente qué era, pero no se sentía capaz de gritar. Ambos siguieron mirándose fijamente entre respiraciones agitadas, sintiendo los pasos lentos y rastreadores de aquel ayudante que pasaron por delante de la puerta cerrada en varias veces, sembrando una semilla de intranquilidad a ambos — Aquí no hay nadie.
            — Supongo que no. Pues mejor vámonos, antes de que venga alguien de verdad.
            — No me importaría ver a alguien aquí.
            — Estúpido cerdo. Vámonos.
            Yongguk pudo sentir como los pasos se iban debilitando, junto con las risas de ambos compañeros de trabajo. Ninguno de los dos rompió el silencio que volvió a reinar en aquel pequeño cubículo en el que permanecían encerrados. Sin darse cuenta, se habían quedado mirándose fijamente en aquella extraña postura, pegados el uno al otro. Aunque el peligro ya había pasado, Yoori podía sentir el pecho de Yongguk moviéndose frenéticamente contra su espalda, debido a su respiración agitada, rítmico, fuerte. Su corazón seguía latiendo con fuerza y ninguno había apartado por un solo segundo la mirada de los ojos del otro. Yoori pestañeaba tímidamente. Aún sentía el agarre en su cintura, férreo y consistente, al igual que aquella mano que le impedía emular sonido alguno. Aunque realmente, en aquella situación, no habría sido capaz de mediar palabra incluso si Yongguk se lo hubiese permitido.
            — Suéltame — palabreó torpemente Yoori contra la mano del líder, sin moverse. Éste tardó un rato en reaccionar, dejándola libre al instante con movimientos torpes y apurados. La chica se separó de él, pero poco podía hacer en aquel espacio tan reducido. Ambos permanecían unidos aún sin querer, y el nerviosismo que cargaba el ambiente lo estaba inclinando todo hacia un nivel más torpe que nervioso.
            Los dos empezaron a pelearse tontamente para abrir la puerta y salir de aquel servicio, pero el espacio reducido no ayudaba a que la tarea fuese sencilla. Tras un forcejeo torpe ambos salieron a presión de aquel cubículo, dándose la espalda y sacudiéndose las ropas en silencio como si temiesen haber cogido un virus del otro por culpa de tan largo período de proximidad.
            — Ha faltado poco — susurró Yongguk de repente, alzando un brazo y revolviéndose el pelo con nerviosismo. Yoori no dijo nada. Permaneció de espaldas a él, abrazándose a sí misma y rezando para que aquella situación terminase pronto.
            — Siempre que te cruzas en mi camino me meto en problemas.
            — ¡¡Y tú eres la que dice eso!! — Yongguk estalló en rabia incrédula ante aquel comentario. Tan sólo veía la melena negra de Yoori, no podía ver la mueca que había esbozado la chica en aquel momento. “Igual me he pasado”, pensaba — ¡Me juego el pellejo por ayudarte y soy yo el que te mete en problemas!
            — Vale, lo… Lo siento.
            Yongguk se cubrió la cara con una de sus manos, suspiró profundamente y esperó a tranquilizarse antes de volver a mediar palabra. La chica ni se movía ni parecía tener la intención de moverse a no ser que la obligasen.
            — Da igual. Vámonos de aquí, no quiero más problemas — Yongguk empezó a caminar con paso apurado hacia el pasillo, ignorando la mirada de terror que la chica le dirigió instantáneamente al seguir sus pasos.
            — ¿Qué? ¿Qué? ¡No! ¡Oye! — Yoori lo persiguió y lo agarró por un brazo, reteniéndolo junto a la puerta sin dejarlo marchar. Lo miró con unos ojos de súplica que eran menos atemorizantes de lo que ella pretendía — No pensarás dejarme aquí sola, ¿no?
            — ¿Sola? Claro que no. Vamos fuera, los demás querrán verte también.
            — ¿Estás loco? — parecía nerviosa — ¡Si salgo ahí fuera esos energúmenos me atarán a una hoguera y bailarán la danza de la tortura alrededor de mí!
            Yongguk podía ver que la chica no fingía el pánico que sentía. Suspiró pesadamente, desviando la mirada de su rostro. No podía aguantar aquella mirada de cachorrito asustado.
            — ¿Y qué hacemos? Están por todo el pasillo.
            — Yo… Yo que sé. Piensa tú, eres el inteligente, al fin y al cabo.
            “Lo soy cuando te interesa”, pensaba Yongguk mirándola de reojo.
            Ambos se quedaron en silencio, pensativos. Yongguk, que estaba más próximo a la puerta que daba al pasillo, pudo sentir la voz de uno de los ayudantes de equipo que gritaba a todos sus demás compañeros.
            — ¡Recoged de una vez todo el material, no tenemos todo el día!
            Y entonces una chispa brotó en su interior. Miró rápidamente hacia Yoori, que sintió un frío de horror con aquella mirada que no auguraba nada bueno. Tenía un mal presentimiento; lo siguiente a mal presentimiento.

            — ¡¿Estás loco?!
            Yongguk consiguió deslizarse junto a Yoori hacia la sala de material, cuya puerta estaba entreabierta justo enfrente de los servicios de señoras. Muchas estanterías estaban ya vacías, teniendo en cuenta que la mayoría del equipo había sido trasladado, pero aún quedaban unas cuantas cajas repletas de cámaras y focos gigantes desperdigados por toda la sala. Una gran caja de cartón duro reposaba en el suelo, brillando con luz propia entre toda la oscuridad y augurando una esperanza en cuando a la necesidad de sacar a Yoori de allí sin ser vista. Yongguk creía que era una buena idea. Una muy buena idea.
            — No pienso meterme ahí — aunque para ella no parecía tan buena, quizá.
            — ¿Por qué no?
            — ¡¿Por qué iba a hacerlo?! ¡Es imposible que cuele!
            — No lo sabrás hasta que lo intentes.
            — ¿Quieres ofrecerme a los lobos como si fuese un cebo? Eres patético, Bang Yongguk — parecía ofendida.
            — Mira una cosa, señorita, si esto sale mal yo seré el que salga peor parado así que cierra la boca y entra en esa caja — el líder podría simplemente haber dicho “Sólo quiero ayudarte”, pero algo así le pareció más adecuado para él — Vamos, vamos — Yongguk se colocó detrás de la chica y empezó a empujarla hacia la caja, soportando sus quejas y sus berrinches incoherentes, sin dejar de animarla para hacerlo. A Yoori no le quedaban muchas más opciones que hacerle caso, pues tampoco era como que le dejase espacio para huir o negarse. Antes de darse cuenta estaba encogida fetalmente en una caja de cartón, tapándose el rostro vagamente para evitar que Yongguk la viese en aquel estado tan… realmente patético. Aquella situación era idiota. “No había apuntado en mi agenda de viaje esto de esconderme en una caja de cartón”, pensaba Yoori, lastimera.
            — ¿Cómo… piensas sacarme de aquí? — preguntó la chica, nerviosa.
            — Con eso — Yongguk señaló hacia atrás. Un gran carro metálico permanecía a un lado de la sala. Atrajo el carro hasta la caja y con un impulso rápido subió a Yoori sobre el pequeño transporte. El carro parecía uno de esos carritos del desayuno pero a gran escala. Al líder le bastó con cerrar la caja vagamente –abriendo unos cuantos agujeros en ella para que le entrase el aire a la chica- y salir de la sala arrastrando el armatoste como quien pasea a un perrito; sólo que esa vez pesaba un poco más.
            “No estoy haciendo nada malo. No estoy haciendo nada malo.” Yongguk paseaba estático y nervioso por el pasillo, arrastrando a la chica que se mantenía oculta en aquella gran caja, dejándose llevar por el líder; él mantenía la mirada fija en la nada, con una mueca que haría incitar a cualquier a la sospecha; quizá por eso todos decían que Yongguk mentía muy mal. Era consciente de que si algo salía mal podía meterse en serios problemas, por lo que a medida que se iba acercando al lugar del accidente su corazón se aceleraba, y lo único que pedía era que le dejasen pasar sin preguntar nada.
            — ¿Yongguk? ¿Qué haces? — una estilista se acercó a él, señalando la caja.
            “Mierda.”
            — Oh, ¿esto? Me han pedido ayuda para transportar la mercancía — sus gestos eran torpes y automáticos. No se sentía  capaz de mirar a aquella chica a los ojos sin empezar a gritar que era culpable y que estaba escondiendo a una chica en aquella caja de cartón. No sabía en qué momento las cosas se habían torcido tanto para tener que recurrir a eso — Supongo que… todo este alboroto ha ralentizado las cosas. Sólo intento ayudar.
            — ¿No quieres que te ayudemos? Esa caja parece bastante pesada.
            — ¡Oye!
            El mundo se le cayó encima a Yongguk cuando sintió venir aquel quejido del interior de la caja. Empezó a reírse bruscamente, momentos antes de empezar a toser, para disimular que había alzado una pierna y le había sacudido una pequeña patada a la caja. “¡Cierra la boca, Yoori!”
            — ¿Qué habrá sido eso? — la estilista empezó a mirar a todos lados.
            — Seguro que… en otro piso. No saben guardar silencio — Yongguk se reverenció levemente y siguió su camino, arrastrando la caja. Yoori sentía como el revuelo de aquella zona catastrófica se iba disipando con el paso de los segundos y, casi sin saber por qué, la sensación de peligro empezó a abandonar su cuerpo. Cerró los ojos y dejó escapar un suspiro casi al mismo tiempo que Yongguk, que ya casi estaba a la altura de la puerta principal. Se sentía casi libre, casi a punto de dejar escapar aquella tensión que lo incordiaba. Podía ver el final de aquel acto extraño.
            — ¡Yongguk, Yongguk! — el líder detuvo sus pasos cuando escuchó unas voces llamándolo. Se giró y pudo ver a dos ayudantes al lado de una puerta, llamándolo y haciéndole señas para que se acercase — Menos mal que traes el transportín.
            — ¿Qué? — respondió, escueto.
            — Se nos ha roto una rueda del otro carro y necesitamos llevarnos todas estas cajas. ¿Podrías dejarnos tu carro?
            “Mierda. Mierda, mierda, mierda.
            — ¿Qué? — murmuró, nervioso — El… ¿El carro? ¿Este carro?
            — Sí, ese carro — los ayudantes compartieron una mirada, sospechosos.
            — Pero… No puedo, me han dicho que tengo que llevar esta caja a la furgoneta cuanto ant-
            — No te preocupes, nosotros nos haremos cargo.
            Ambos hombres se adelantaron hacia Yongguk, sonrientes, sin dar tiempo a una sola réplica. Uno de ellos le dio una palmada en el hombro y, junto a su compañero, alzó en peso la caja que Yongguk llevaba en el carro y la posaron en el suelo, pasando a cargar múltiples cajas que estaban tiradas en medio del pasillo. Un tercer hombre se llevó el carro y, después de hacer una suave reverencia, los ayudantes cogieron la caja cada uno por un lado y empezaron a caminar hacia la puerta.
            Yongguk permanecía quieto, con una mueca de perdición. No se estaba creyendo lo que estaba viendo. Aunque lo suyo no era nada comparado con lo que Yoori estaba sintiendo en aquel momento. Se habría echado a llorar de no ser porque sabía que entonces la descubrirían.
            — ¡P-Pero puedo llevar yo esa caja, de verdad! — Yongguk perseguía a los ayudantes, sin quitar el ojo a la caja.
            — No te preocupes, este es nuestro trabajo, al fin y al cabo.
            — Pero es que esa caja es muy, muy importante — insistió el líder, al borde de un ataque de nervios.
            — Debe serlo, debe serlo. ¿Qué diablos hay aquí dentro? ¡Esta caja pesa un diablo!
            Yongguk se cubrió la cara con una mano girándose de repente y dándoles la espalda a los ayudantes, aguantando una carcajada que se le antojó inevitable tras escuchar ese comentario. Por alguna razón pudo imaginarse la mueca de frustración de Yoori tras oír aquellas palabras y sus ansias por partirle el cráneo a aquel trabajador de tres al cuarto. “Por el amor de Dios, tengo que ayudarla. A este paso se la van a llevar al almacén.”
            Yongguk los acompañó al exterior del edificio. Los seguía de cerca buscando la oportunidad para distraerlos y entonces la vio, justo al lado del camión donde el resto del grupo parecía charlar sin darle importancia a su presencia. Una montaña de cajas que se apilaba al lado de Daehyun. Los dos ayudantes dejaron la caja en el suelo para abrir las puertas traseras de la furgoneta. El líder le hizo señas a su vocalista principal, llamando su atención.
            Realmente pasaban demasiado tiempo juntos como para no entenderse sin necesidad de palabras.
             Antes de poder evitarlo, la montaña de cajas cayó al suelo en medio de un estruendo brusco y doloroso para quien hubiese comprado todo aquel material. Trozos de focos y cámaras rotos empezaron a desperdigarse por el asfalto cuando las cajas se abrieron por culpa de la fuerza de la caída. Ambos ayudantes se echaron las manos a la cabeza, atónitos.
            — ¡P-Pero que…-!
            — ¡Habéis golpeado las cajas al pasar con esa! — Yongguk se echó las manos a la cabeza dramáticamente, señalando la caja en la que Yoori rezaba en silencio, con los ojos fuertemente cerrados.
            — ¡Dios mío!
            — ¡El director nos va a matar!
            — ¡Te… Tenemos que hacer algo! — ambos hombres se fueron corriendo al interior del edificio, dejando a los miembros del grupo incrédulos con aquel estropicio, aunque lo estaban más acerca del comportamiento de Yongguk. Cuando éste vio desaparecer a los ayudantes en el edificio, empezó a arrastrar la caja hacia el centro de los seis chicos, dejándola allí quieta. Con rapidez, cogió una de las cajas que se habían caído, que era idéntica a la anterior, y empezó a rellenarla con trozos de material roto y otras cajas más pequeñas, suplantando el peso. Una vez equilibrado la cerró, dejándola en el sitio donde antes había estado Yoori.
            Los ayudantes volvieron al poco rato.
            — ¿Y el material?
            — Está todo en esta caja — dijo Yongguk, antes de dejar que nadie dijese nada, señalando al centro del grupo, donde “la caja” reposaba tranquila y en silencio.
            — Para ahorraros una molestia — Daehyun intercedió, y pudo ver como el líder le agradecía su apoyo con tan solo una mirada.
            — Muchas gracias, chicos. Espero que nadie se dé cuenta.
            — No creo. Subamos esto, tenemos que irnos.
            Ambos cogieron la caja repleta de material roto y la subieron al camión. Los chicos del grupo permanecieron quietos, disimulando, sin mediar palabra, hasta que finalmente la furgoneta arrancó y sólo dejó tras de si una nube de polvo que hizo suspirar de alivio a Yongguk. Nunca pensó que se alegraría tanto de poder respirar una nube de humo como esa.
            — ¿Qué diablos te pasa, Yongguk? — dijo Himchan, extrañado.
            Yongguk suspiró, ignorando el comentario de su compañero. Se acercó a la caja y le dio varias pataditas en uno de sus lados, sin levantar la mirada del suelo.
            — Sal de ahí de una vez.
            Ninguno de los allí presentes entendía a su líder. O al menos no lo hicieron hasta que aquella caja empezó a moverse, arrebatándoles a todos un sobresalto infernal. Su parte superior empezó a abrirse y a los pocos segundos apareció una Yoori asfixiada, que permaneció sentada en la caja y respirando agitadamente, como si ya se hubiese olvidado de lo que era respirar aire fresco.
            Todos permanecían en silencio, con mueca de idiotas. Yoori se dio cuenta varios segundos más tarde de que estaba sentada sobre una caja, en el suelo de una acera en mitad de la calle, rodeada por los seis chicos de B.A.P. y… por ella. Empezó a sonrojarse, nerviosa, pero terminó sonriendo y alzando una de sus manos tímidamente, como si no pasase nada.
            — E…. Ey, chicos. Cuánto tiempo — rió, tímida.
            — ¡Vaya, así que tú eres la famosa Yoori! — todos se giraron de repente hacia Eunhee. Yoori seguía sonriendo en el exterior pero algo no estaba bien dentro de ella. Probablemente Yongguk fue el único en darse cuenta que sus ojos habían empezado a brillar, llorosos, aunque no parecía tener la intención de dejarse vencer por la debilidad del llanto. Ambas chicas permanecieron en silencio, mirándose. Yoori parecía esperar al momento justo en que se le deshiciese el nudo de la garganta, y Eunhee la miraba con una gran sonrisa y las manos entrecruzadas sobre su pecho. Como si nada hubiese pasado — Me han hablado muchísimo de ti — añadió, riendo.
            — Ah… Ya veo.

………..


            — ¿Qué ha pasado? — Daehyun caminaba junto a Yoori por los pasillos del edificio. Había notado la tensión en el ambiente y fue el único en atreverse a mediar una palabra entre tanto silencio incómodo. “Será mejor que vayamos a cambiarte esa ropa, apestas”, había dicho, como si nada. Cogió a Yoori del brazo y se la llevó sin dejar que los demás mediasen una sola palabra.
            — Nada. Soy torpe, supongo.
            — Esperaba que me contases algo nuevo — le espetó, tranquilo.
            — ¡Oye! — Yoori se giró hacia él, molesta, pero le bastó con ver su sonrisa para que el enfado se fuese disolviendo lentamente, como azúcar en agua. Emuló un puchero y se mantuvo en silencio, sin dejar de caminar.
            — Te echaba de menos.
            Las piernas de la chica dejaron de funcionar repentinamente. Daehyun dejó de caminar cuando se dio cuenta de este hecho, viendo a Yoori estática en el mismo sitio, mirándolo con una mueca que no escondía muy bien su estupor ante tal afirmación.
            — ¿A qué vino eso? — preguntó finalmente, apurando el paso.
            — Nada, solo quería que lo supieras — y siguió andando.
            Yoori tardó en reaccionar.
            — Ta… Tampoco quería saberlo, inútil. ¡Espérame! — empezó a correr torpemente tras él, con un puchero.
           
            Daehyun esperaba pacientemente fuera de los vestuarios tras brindarle un poco de ropa limpia a Yoori que, a pesar de todo, seguía impregnada con un hedor bastante insoportable. El vocalista se cercioró de vigilar la puerta para que nadie entrase a las duchas mientras ella estaba dentro y se limitó a escuchar el sonido del agua caer hasta que unos pequeños piececitos húmedos asomaron por detrás de él. Yoori había salido de los vestuarios secándose el pelo vagamente, vestida con un pantalón de chándal y una camiseta de tirantes dos veces más grande que ella. El cantante intentó aguantar una risotada que Yoori escuchó perfectamente.
            — ¿De qué diablos te ríes?
            — Nada, nada. Estás preciosa — rió, acercándose a ella — Vamos, estoy seguro de que los demás querrán apreciarte también — añadió, sin dejar de reír.
            — ¿E-Estás insinuando que voy a hacer el ridículo? ¡Oye! — Yoori se resistía vagamente, tan concentrada en intentar convencer a Daehyun que ni siquiera se dio cuenta de sus palabras — ¡No, joder! ¡Al menos no delante de… de ella!
            El chico, que hasta entonces había estado mostrando una compasiva sonrisa por aquella actitud tan adorable por parte de Yoori, empezó a reducir la fuerza que ejercía sobre ella y pronto se quedó mirándola, con expresión de curiosidad. Yoori se dio cuenta al instante de que había dicho algo indebido.
            — No… No, espera, no he dicho nada — aclaró entre susurros, agachando la cabeza. Sabía que tenía que arreglar aquello cuanto antes y las palabras se le atragantaban en la lengua — Es que… No, no sé. No es ella, ella. Es sólo que… O… Olvídalo.
            El vocalista se quedó mirándola en silencio y finalmente suspiró.
            — No tienes que comportarte así conmigo, Yoori. Yo lo sé todo.
            — ¿Qué? — preguntó, confusa.
            Daehyun suspiró.
            — ¿Te crees que he nacido ayer? — se cruzó de brazos, alzando una ceja. Intentaba parecer tranquilo pero realmente… no lo estaba — Yoori, yo…
            — ¿Qué? — repitió ella, insegura.
            — Necesito tu ayuda — la mirada que compartió con Daehyun le bastó para saber que realmente algo le preocupaba. Ladeó un poco el rostro, pidiendo más información, pero él se limitó a alzar la cabeza hacia atrás y dejar escapar un suspiro tan largo que enervó por momentos a la extranjera — Sé lo que pasa. Lo sé todo. Desde hace varios días.
            — ¿Qué estás diciendo?
            — Lo tuyo, Yoori. Lo tuyo con esa… — Daehyun frunció los labios y se quedó en silencio como si se estuviese forzando a sí mismo para no decir algo de lo que podría arrepentirse más tarde — esa… cosa. Eunhee.
            Ese nombre le sentó como una patada en el estómago.
            — Estoy harta de ese nombre — Yoori ya no parecía dispuesta a seguir disimulando. Arrimó la espalda contra la pared y se abrazó a sí misma, bajando la mirada.
            — Yo también — Daehyun esbozó una mueca de condescendencia y frustración, antes de suspirar de nuevo — Y Youngjae también.
            “¿Youngjae?
            — Lo tiene atado, Yoori. Atado de pies y manos. Tienes que ayudarlo.
            — ¿Por…? ¿Por qué debería? — las palabras salían solas de sus labios, fruto del rencor y del recuerdo de la charla que habían mantenido en su llegada. Nunca habría pensado que Youngjae fuese el culpable detrás de todas sus desgracias, al menos indirectamente.
            — ¿Cómo que por qué? ¡Él te aprecia!
            — ¡Todo esto es por su culpa! — le espetó Yoori, casi sin pensar.
            — ¡Eso no es verdad! — Daehyun parecía enfadado — ¡Todo es culpa de esa furcia!
            El eco de aquel grito resonó en los vestuarios durante varios segundos. Tras un buen rato en silencio, Daehyun se acercó a Yoori, agarró sus pequeñas manos entre las propias y la miró fijamente.
            Podía sentir que estaba a punto de escuchar algo que no le gustaría.
            — Ella, Yoori… sabe algo que no debería saber — susurró, muy lentamente. Yoori abrió los ojos, sin saber que pensar ante aquello. No sabía exactamente por qué, pero aunque aquella era una oración bastante inconcreta, estaba intranquila. Intranquila y preocupada — Está usando a Youngjae como… una marioneta. Puede que los demás no lo crean pero… yo lo sé. Yo sé que tú puedes ayudarlo — asintió vagamente, mirándola a los ojos — Tal y como me ayudaste a mí.
            Antes de darse cuenta, ambos rostros estaban a varios centímetros de distancia, el uno del otro. Yoori sentía una cálida respiración chocando contra su piel y no sabía qué era lo que debía decir. ¿Ayudar a quien había destrozado sus vacaciones? ¿Era eso correcto? Yoori estaba a punto de comunicarle su decisión pero Daehyun giró el rostro bruscamente hacia la puerta, rompiendo el fuerte contacto visual que los unía y, consecuentemente, forzando a la chica a desviar la mirada hacia el foco de atención, también.
            Se le hizo un violento nudo en la garganta, observando aquella violenta mirada que los juzgaba desde lejos, estática y fría.
            — Youngjae…
            

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchísimas gracias por comentar, Carolina, no sabéis la tonta ilusión que me hace ver comentarios en cada capítulo *_____*

      ¿Te está gustando? Akdjkbhsv, muchas gracias por leer. Aunque sean capítulos tan largos... ;3; Espero que al menos se hagan entretenidos 8)

      Si tenéis algo que decir, alguna crítica constructiva o consejo de cualquier tipo no dudéis en decírmelo, siempre intento mejorar en lo que hago y nada mejor para ello que obtener información de los lectores que siguen la historia... 8)

      Y eso. ASD, que muchas gracias por leer y me alegro que te guste *___* Ahora con las clases voy un poco más lenta pero intentaré no retrasarme con el próximo capítulo porque.... jijiji. (?)

      PD: Esto es un edit del comentario eliminado de abajo, que torpe soy. :/D

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  3. Falta el capitulo 6 T*T
    No puedo leer el 7 sin el 6 ><

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