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jueves, 8 de agosto de 2013

THAT XX

Autora: Dul Gonz Priccolo

- Twitter: @dulgonzpriccolo

- Tipo: GD, Ji Yong, BIGBANG, hetero, lemon, serial, +18, idol x fan (en este one-shot no es idol), oneshot


¿La memoria tiene límite de espacio? Parece que nunca va a llenarse, siempre tiene más espacio para guardar recuerdos, momentos y promesas, que muchas veces justifican la vida de un ser. Recuerdos dolorosos que atormentan sus días o recuerdos felices que continúan haciendo sonreír a los que tienen el privilegio de poseerlos. Al fin y al cabo, todos esos recuerdos, agradables o desagradables, son el vestigio de lo que fuimos.


***


La tarde continuaba tranquila, el sol comenzaba a teñirse de un color cercano al rojizo, la brisa jugaba con las hojas de los árboles, era una tarde hermosa.
Ji Yong no despejaba la vista del libro, intentaba encontrar sentido a aquel verso, pero por más que lo intentaba, no lograba entender esas palabras. EL AMOR ES CIEGO.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

B. vs B.


- Autora: @DisabledComplex

- Tipo: BIG BANG, Block B, B.A.P, serial, hetero, +18 (mucho XD), idol x fan

CAPÍTULO 12

Llegué y entré a clase directamente, no quería ver a nadie, la verdad. El profesor empezó a explicar pero no tenía la cabeza como para células y enfermedades. Intenté tomar apuntes pero iba a explotar. No sé si eran nervios, miedo, impaciencia... Pero quería estar ya en manos de Block B.

La campana sonó y yo todavía estaba inmersa en mis ideas. La verdad no sabía qué iba a conseguir exactamente con esto, pero algo sí que cambiaría. Solo con la mente de Zico a mi lado y el odio contra nuestra víctima creo que vamos sobrados. 
Salí y me encontré con Raquel e Iris las cuales me preguntaron por Taeyang. Les dije que estaba malo y que me tenía que ir rápido para ver como estaba y estar con él, eso me excusaría bastante. Salí pitando de allí a casa, ya quedaba menos, creo que incluso conducí demasiado rápido. Llegué y abrí la puerta rápidamente, mi primera misión: llamar a Totoro. 

Corrí hacia mi habitación, tiré la maleta encima de la cama y busqué la tarjeta que me dió anoche. Tenía que estar encima de la mesa, no se podía haber ido andando. La encontré y cogí el móvil, marcando el número. Varios pitidos sonaron antes de que su voz contestara con un "¿Sí?" desde el otro lado. 

- Hola, soy Ann - le recordé. 
- ¡Hola! - exclamó - ¿A qué hora te viene bien hoy? 
- A la que tú me digas, tengo toda la tarde libre - quería salir pronto de aquí, la verdad. 
- Pues vente antes a mi casa que tengo que explicarte varias cosas - planeó. 
- A las 7 estoy allí. ¿Qué me pongo? - dudé. 
- Yo te presto ropa - rió. 
- Será mejor, no tengo bastante ropa así... -  
- Lo sé, te conozco - me interrumpió y siguió riendo. 
- Bueno, pues hasta esta tarde - dije emocionada. 
- De acuerdo, adiós - colgó. 

Mi primera misión completada, ahora tenía que buscar a Daesung. Salí de mi habitación hacia la suya, no quería pasar por muchas áreas comunes, la verdad. No estaba allí así que me tomé la libertad de esperarle allí sentada.
Varios minutos después apareció. Se asustó un poco ya que no me esperaba allí pero fue directo al grano.
- Vale, ¿esta tarde a qué hora sales? - preguntó. 
- A las 7 he de estar en casa de Totoro - le informé. 
- ¿Cuándo se supone que hay que informar sobre tu "desaparición"? - hizo comillas con los dedos. 
- Pues espérate unos días y si nadie se da cuenta, que lo dudo - aclaré y asintió. 
- ¿Has comido? - cambió de tema. 
- La verdad es que no - reí - No quería encontrarme con nadie más, esta mañana ya me encontré a Taeyang.  
- Anda ven, que te voy a preparar algo, que allí vas a pasar más hambre... - reí. 
- No sabría yo qué decirte - seguí riendo con el doble sentido de la situación.
- ¡Tú me has entendido! - dijo con un toque infantil. 
Fuimos a la cocina y puso en marcha el microondas el cual parecía que ya tenía un plato dentro. 
- ¿Te has acordado de mí? - pensé en voz alta. 
- Más vale prevenir que curar - rió. 

El microondas acabó de calentar y nos avisó con un pequeño timbre. Yo cogí cubiertos y un vaso con agua mientras Daesung sacó un plato con un gran pedazo de tortilla. Empecé a comer, los nervios afectaban a mi apetito. Daesung se sentó en frente de mí y me contempló como si no me fuera a volver a ver, aunque puede que tuviera un poco de razón. Volvería... Creo. 
- Sé lo que estás pensando - dije al acabar de tragar y cogí el vaso de agua. 
- Venga, adivina - me miró apoyando su mejilla en su mano. 
- Voy a volver - bebí del vaso. 
- Sé que vas a volver, la cosa es cómo - miró hacia otro lado. 
- Explícate - llamé su atención. 
- Si vas a volver bien, tú sola o... - suspiró - tengamos, bueno, en realidad, que yo tenga que intervenir seriamente.  
- Intervenir vais a hacerlo de todas maneras, aunque te he entendido - di otro sorbo y dejé el vaso sobre la mesa - Volveré lo antes posible, pero no puedo asegurarte cuando. 
Dije eso y me levanté para dejar el plato y el vaso en el lavavajillas. Él se levantó a su vez y suspiró. 
- Anda, vamos a ver la tele que te quedan... - miró su reloj - dos horas - le hice caso. 

Nos sentamos a hacer un poco de "Zapping" ya que no había nada interesante. Veíamos un cacho de una cosa, otro cacho de otra... Me quité los zapatos y me acurruqué pegándome a Daesung. En ese momento, G-Dragon entró por la puerta, mirándome con cara de asombro y odio a la vez, como si se creyera que estuviera con Daesung. Chasqueé la lengua y apartó la mirada. Se acercó a la mesa a coger yo que sé qué y se fue, menos mal. 
- Bueno, yo creo que voy a ir a prepararme ya - me incorporé - Antes de irme te veo. 

Me levanté e hice lo que dije: prepararme. Me duché y me puse lo primero que pillé guardando en una mochila los "regalitos" de Totoro, mis famosos tacones y mis pintalabios: rojo y negro. Sin contar las llaves y el móvil, claro.

Salí de mi habitación y fui a buscar a Daesung al salón el cual aun estaba sentado en el sofá. Este, me vio aparecer y estiró el brazo, apagando la televisión.

- ¿Estás lista? - dijo levantándose. 
- Nunca había estado tan lista - me acompañó hasta la puerta. 
- Con cualquier cosa, llámame - se preocupó. 
- Va a salir bien, hazme caso - sonreí y le acaricié la mejilla - Gracias. 
- No hay de qué, pequeña - me acarició la cabeza. 
- Adiós - le di un abrazo - Te llamaré de vez en cuando para contarte, si quieres. 
- Por favor - suspiró - Ten cuidado... - siguió preocupándose. 

Nos separamos, le sonreí y me fui. Me subí en el coche y lo puse en marcha. Pisé el acelerador y me adentré en las calles. Ya no volvería a ver esa casa en bastante tiempo, puede que me viniera muy bien despejarme. Busqué la dirección que me dio Totoro en su tarjeta, había salido con tiempo así que no tenía prisa. Encontré la calle y aparqué en el primer sitio que vi libre, buscando su casa a pie.
La encontré sin problemas ya que todo lo que había en esa calle eran casas, así que solo tenía que encontrar el número. Llamé al telefonillo y me abrió directamente la puerta. Era un piso bastante grande, la verdad. Cogí el ascensor y subí al cuarto. Cuando las puertas se abrieron pude ver a Totoro esperándome en la puerta de su apartamento. 

- Hola - me acerqué a ella. 
- Pasa - entró haciendo que la siguiera.
Tenía una toalla enredada en la cabeza, la cual recogía todo su pelo, y otra que enredaba todo su cuerpo. Entramos en su habitación y vi un traje encima de la cama, a su lado un conjunto de lencería de leopardo y encaje negro - cómo no - . El traje era cortado bajo el pecho con la parte superior blanca y la inferior negra, separándolos una especie de tira turquesa, del mismo color que su ropa interior. 

- Bonito conjunto - dije mirando la ropa. 
- Ahora tenemos que buscarte algo a tí - abrió una puerta que daba a otra habitación. 

Ella entró y la seguí, era un vestidor, aunque parecía un armario gigante. Era muy grande para ser un armario pero pequeño para ser una habitación. Todo en tonos marrones, como madera, haciendo conjunto con las perchas y las barras. Allí podría haber trajes de todas las clases y colores sin contar los innumerables cajones que había.

- Dime un color - me ordenó. 
- Negro, parece que no me conoces - obviamente. 
- Pues... - echó un vistazo por encima a todos los trajes - ¡Este! 

Escogió un traje de tirantes que tenía bastante escote y en la parte del estómago tenía transparencias como si fuera un zig zag: una parte sí y una no, formando triángulos que me cruzaban de un lateral al otro. 

- Me gusta, los tacones los he traído yo - dije quitándome la maleta. 
- ¿Algún accesorio en concreto? – buscó más adornos. 
- Pinchos - dije enseñándole mis tacones. 

Abrió un cajón lleno de pulseras y collares. Cogió una gargantilla típica con pinchos.
- Espera... - se volvió y empezó a buscar como una loca por las perchas - ¡Te encontré! 
Sacó una chaqueta de cuero y me lo dio todo, esperando a que me lo probase.
- Ay, se me olvidaba - exclamó antes de que me retirara - ¿Qué talla de sujetador tienes? - dijo tranquilamente. 
- Esto... Una 90 - dudé. 
- Creo que puedo tener algo de tu talla - y volvió a buscar por todos los cajones. 

De un cajón salió un conjunto de lencería rojo con lunares y pequeños encajes negros en los filos.  

- Me encanta - quedé boquiabierta. 

- Anda, pruébatelo que yo voy a vestirme - me casi empujó.

Fui al bajo a cambiarme y metí la ropa que llevaba puesta en la maleta, sacando los pintalabios y los tacones. Me miré en el espejo, me encantaba. No sabía que podría tener tan buen cuerpo cuando quería. Salí y me encontré a Totoro arreglándose el pelo en el espejo de su cuarto. Me miró con ojos como platos.
- Wow... - quedó fría. 
- Sí, esto... ¿Me maquillas? - reí. 
- Pues claro, pásame el pintalabios - vio que lo tenía en la mano. 

Me pintó los labios de rojo y trajo una especie de cajita con muchas sombras de ojos y delineadores. Acabé con sombra blanca y delineador negro solo en el párpado, ya que los colores oscuros en cantidad, en los ojos, no me quedaban bien. 

- ¿Lista? - preguntó. 
- ¡No, espera! - busqué en mi maleta y saqué su "regalito" - ¿Me lo pones? - reí. 
- Claro - un déjà vu me vino a la mente cuando me lo puso.

Salimos y cogimos el ascensor. Cada vez estaba más nerviosa y Totoro lo sabía. Mientras el ascensor bajaba, me cogió de la mano y me miró, intentando tranquilizarme. 

- Sabes que si pasa algo malo, puedes llamarme - dijo sin dejar de mirarme. 
- Muchas gracias - suspiré.

Llegamos a la planta baja y fuimos en busca del coche. Ella se sentó en el asiendo del piloto ya que sabía la dirección, arrancando el coche y saliendo de allí velozmente. Yo intenté quedarme con el camino, por si acaso. Empezamos a surcar calles desconocidas para mí y un poco desiertas. La verdad es que con eso de los vestidos se nos había hecho un poco tarde. Llegamos a un descampado con una especie de nave en medio, parecía una fábrica abandonada. Totoro aparcó el coche en un sitio escondido, bastante lejos.
- Será mejor que no vean el coche, sino sabrán que tienes una escapatoria - dedujo. 
- Bueno, vamos - suspiré y salí del coche sin esperarla.
Tenía que actuar sin pensar y es lo que estaba haciendo. Totoro me siguió hasta la puerta de la nave, en ese momento, me paró dándome a entender que la dejara a ella delante. Tocó la puerta ruidosamente, seguramente estaban allí. 


B. vs B.


- Autora: @DisabledComplex

- Tipo: BIG BANG, Block B, B.A.P, serial, hetero, +18 (mucho XD), idol x fan

CAPÍTULO 11

- ¿Qué haces aquí? – me quedé extremadamente quieta.
- Mmmm... Poder podría hacer muchas cosas – me miró lascivamente.
- ¿Por qué no estás con los demás? - pregunté.
- Ser el jefe tiene bastantes ventajas... - G-Dragon se levantó del asiento que tenía en la cama y empezó a acercarse.
- ¡Fuera! –  intenté echarlo.
- No estaría yo tan seguro - acabó de acercarse.

Agarró una de mis manos, haciendo que mi toalla intentara caer. Puso esa mano en mi espalda y fugazmente hizo lo mismo con la otra. Intenté zafarme pero tenía demasiada fuerza. Peleé hasta que escuché un chasqueo y me sentí acorralada. Esposas, qué original.

- Conmigo nunca se debe de estar tan segura - susurró en mi oído desde detrás de mí - Suéltame - aguanté mi ira.
- Sigues sin saber cuando debes reaccionar y cuando no, ¿eh? – recordó.
- Dije que no quería volver a verte nunca - seguí aguantando.
- Me da exactamente igual lo que digas - me ignoró.

En ese momento, me tiró del hombro y me dio la vuelta violentamente, tirándome de un empujón a la cama. Caí de espaldas bruscamente y él se tumbó encima de mí, apoyándose. Intentó que no me moviera, así que me agarró los tobillos. Por mucho que lo intentara, no podría zafarme de sus encerronas. 
Me empezó a dar besos en la mejilla bajando por mi cuerpo desnudo y mojado, todavía sin soltarme. A veces, cuando veía que su mano perdía fuerza, movía la pierna, intentando salir de sus agarres, pero este les ponía más fuerza aún. 

- No puedes escapar. ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? - sonrió contra mis labios - ¿Vas a empezar ya a darte por vencida? 
- Nunca - giré la cara, despreciándolo.
- De acuerdo, entonces cuéntalo como violación - sonrió perversamente.

En ese momento, mis tobillos solo fueron encerrados por una de sus manos mientras la otra se dedicaba a desabrochar sus vaqueros rápidamente. Volvió a la posición anterior y empujó mis piernas, abriéndolas y haciéndose un hueco entre ellas. 
Un hilo de besos húmedos bajó por mi cuello hasta mis pezones, jugando con ellos. Era asqueroso, asquerosamente irresistible. Simplemente odioso. 

- Te odio - dije con toda la ira del mundo aunque ni siquiera me hiciera falta levantar la voz.
- Gracias - subió la mirada ya desde mi ombligo.

Se puso a mi altura y entró en mí de sopetón haciendo que doliera. A partir de ahí su ritmo frenético se mezclaba con dolor y placer mientras quería seguir callada. Una lágrima se escapó de entre mis párpados y él se dio cuenta.

- ¿Dónde está tu sol ahora? - susurró muy jadeante contra mi oído.

Acto seguido mordió mi labio, haciendo que empezara a sangrar levemente. Lo succionó cuando yo sentí que su miembro estaba incluso más palpitante dentro de mí. 

- Eres deliciosa - me dio un mordisco en el cuello.

No pude decir nada. No puedo negar que lo hubiera querido igual que no puedo negar que queden restos de ese cariño. De repente me vinieron recuerdos de cuando me trataba con amabilidad, haciéndose perfecto ante mis ojos. ¿De verdad es así? 

- Ahora empieza la diversión, cariño - intentó decir y me besó.

En ese instante escuché la puerta abrirse. Ji Yong liberó mis labios y miramos todos en ese ángulo. En ese momento mi corazón se paró, incluso puede que se rompiera. Pude contemplar a Taeyang con los ojos como platos mirando la escena que G-Dragon había montado, el cual, aun así, no paraba. 
Al contrario, susmovimientos se volvieron más rápidos y sus ataduras más fuertes. Taeyang cerró de un portazo y G-Dragon sonrió satisfecho. 

- Si no significo nada para ti, tú no vas a significar nada para nadie - gruñó.

Los movimientos del dragón empezaron a golpear uno de mis nervios, no dándome oportunidad de reaccionar cuando una estocada que casi me llega al corazón me inundó. 
G-Dragon se levantó y se abrochó los pantalones, me dio la vuelta y me quitó las esposas. 

 - Buenas noches - salió por la puerta sin ni siquiera mirarme.

Yo, simplemente me pasé toda la noche allí tirada, llorando. Mi felicidad acababa de romperse. Así de frágil, así de simple. 

No sé cuando concilié el sueño, pero me desperté abrazándome a mí misma con el sol que entraba por la ventana. ¿Qué hora podía ser? ¿La una, las dos? Me levanté y miré el móvil. Las doce y media.
Me duché y me vestí. Mi primer y único objetivo del día - bueno, ahora mismo, de mi vida - : hablar con Taeyang. Salí de mi cuarto esperando no encontrarme a nadie. Llegué a su habitación y toqué la puerta. Sin respuesta. Dije su nombre. Sin respuesta. Volví a llamar. Aún sin respuesta. Así que abrí la puerta y entré.

Taeyang estaba tirado en la cama boca arriba, pensativo. Me parece muy normal...

- ¿Puedo hablar contigo...? - pregunté casi sin voz.
- Habla - dijo cortante.
- Parece que no conoces a Ji Yong, me obligó - respiré y proseguí - ¿Crees que podría hacerte eso? - me miró - Por favor...
- No es la primera vez que tienes un encuentro así con él, ¿qué te crees? ¿Que soy tonto? - volvió a mirar al techo - ¿Por qué debería de creérmelo?
- Porque nos conoces a los dos - le aclaré.
- No, a ti creo que ya no te conozco – acabó de romperme.
- Bueno... Piénsalo por favor, estaré esperándote... - me resigné y salí de allí.

Era muy tarde para ir a clases pero muy temprano para salir. No me quedaba otra que sentarme en mi cama y fumar, así al menos la ansiedad disminuiría. Me senté bajo la ventana, con las piernas encogidas, abrazándome. Intentaba aguantarme por si acaso me rompía más. Las horas pasaron. Ya eran las 6. Era mala, muy mala, todo esto era culpa mía. Estar aquí ya de por sí era culpa mía y ahora mismo no diferenciaba entre si no odiaba a nadie o si odiaba a todo el mundo. 
Puede que más horas pasaran, no lo sé. Un ruido me sacó de mis pensamientos y mi corazón dio un vuelco esperando que fuera Taeyang.

- ¿Se puede? - preguntó Daesung.
- Sí - me sequé rápidamente las lágrimas, aún así con los ojos bastante rojos.
- ¿Qué ha pasado? - se sentó a mi lado y yo me mantuve en silencio - Sabes que puedes confiar en mí - buscó mi mirada.
- G-Dragon - le miré.
- ¿Que le quieres a él en vez de a Taeyang? - preguntó.
- Le quería - recalqué – Ahora, bueno, él siempre ha estado obsesionado conmigo - asintió - Al principio me trataba muy bien, era muy amable y me cuidaba mucho pero con el tiempo me di cuenta de que era solo eso, una obsesión. Sin embargo, Taeyang se preocupada por mí de verdad, no solo en que si no estuviera con él no estaría con nadie... - suspiré.
- ¿Entonces? ¿Si le quieres...? -
- Anoche, ¿dónde fuisteis? - le miré directamente.
- Ji Yong nos mandó a asaltar la base de B.A.P, pero no encontramos nada - 
- ¡Joder! ¡Os mintió! - apoyé mi frente en mis manos.
- ¿Por qué iría a mentirnos con eso? - dijo sorprendido.
- ¡Para quedarse solo conmigo! - cuando me di cuenta estaba gritando demasiado.
- ¿Y para qué? - abrió los ojos bastante. 
- Creo que solo me hace falta decirte lo que me dijo después de que Taeyang nos viera - me aclaré la garganta - "Si no significo nada para tí, tú no vas a significar nada para nadie" - intenté imitarlo.
- ¿Esto Taeyang lo sabe? - preguntó nervioso.
- No, pero... De momento no lo va a saber - levanté la cabeza y miré al frente - Puede que el jefe se lleve algún que otro sustito – sonreí.
- Ten cuidado, te recuerdo que si le metes a él, nos metes a todos - me recordó.
- Precisamente por eso voy a necesitar tu ayuda - le miré con cara de "por favor".
- Está bien... - me acarició la cabeza y sonrió - No me ha parecido nada bien lo que os ha hecho, así que...
- Para empezar... ¿Sabes quién es Totoro? - esperé una respuesta afirmativa.
- Claro - me contestó.
- Esta noche voy a tener que hacerle una visita - sonreí.

Daesung me dio indicaciones de donde se encontraba en local del que Totoro era propietaria mientras yo buscaba la ropa más... Como decirlo... "Fresca" que tuviera. Me duché y Daesung me ayudó a ponerme un corset de cuadros escoceses rojos, una falda con un poco de vuelo y unos tacones de aguja con pinchos. 
Me maquillé y me peiné como si no hubiera mañana, poniéndome los labios de un carmín rojo sangre. 

- ¿Estoy bien? - pregunté acariciando el corset.

- Wow... - exclamó.
- Esa es la cuestión - le guiñé un ojo.

Me acompañó a la puerta y la abrió dejándome paso.

- ¿De verdad no quieres que te acompañe? - me volvió a preguntar.
- Si te viera alguien que no debiera podríamos cagarla bastante - le aclaré.
- Ten cuidado, anda - parecía mi padre, bueno no, mi hermano mayor.
- Descuida - le sonreí y me dirigí hacia el coche.

Crucé calles llenas de luces de neón y vasos a medio terminar por los suelos, hasta que me encontré con el local más grande que había visto hasta ese momento. Aquí es. 

Aparqué el coche y me bajé con cuidado, intentado no tropezarme con ninguna piedra, ya que el aparcamiento no era asfalto. Entré y estaba abarrotado de gente. A la derecha había una barra que cruzaba todo el local de punta a punta y justamente en frente de mí, al fondo, un especie de balcón donde había un chico pinchando música. Rodeando ese "palco" había como mini escenarios con escaleras de caracol, ya que estaban bastante altos - lo suficiente para que se viera desde la puerta -. 

Me acerqué a la barra y esperé a que viniera un camarero para poder preguntarle por Totoro. 

- ¿Una copa? - se me acercó un chico bastante alto.
- ¿Por qué no? - le sonreí, hoy puede que me lo pasara bien. 
- Dos ruletas - dijo alzando el brazo.

El camarero echó algo de Vodka, zumo de limón y dos licores que por el dibujo adiviné que eran de plátano y vainilla. Para luego echar hielo picado y agitar la coctelera. Este echó todo su contenido en dos vasos y nos los puso cada uno en frente del otro.

- Gracias - le dije al chico.
- Y bueno - se llevó el vaso a la boca dejando a sus músculos marcarse en su camisa - ¿Cómo te llamas? 
- Ann, ¿tú? - pregunté.
- Lee Joon, mucho gusto - cogió mi mano libre y me dio un beso en el dorso.
- Igualmente - sonreí - ¿Me podrías ayudar en algo? - le di ya mi segundo sorbo a la bebida.
- Sus deseos son órdenes, señorita - dijo seductor.
- Bueno... - bebí y me acerqué un poco más a él - ¿Conoces a la jefa de este local? - pregunté.
- Tengo contactos en todos los locales habidos y por haber, cariño - parece que también intentó deshacerse de esa distancia entre nosotros.

Le di un gran sorbo y me terminé la bebida, dejándola en la barra. Le cogí de la mano y lo llevé a la pista de baile. Hacía mucho que no venía a ningún sitio de estos.

Llegamos en medio y me agarró de la cintura. Yo empecé a moverme al ritmo de la música, haciendo que sus manos se movieran siguiendo mis caderas. Puse mis brazos sobre sus hombros, abrazándole y me acerqué a su oído.

- Llévame con ella - le dije.


Me guiñó un ojo y me arrastró de una muñeca por la pista de baile hasta llegar a una esquina del local. Nos encontramos con una puerta así que nos paramos, haciendo que Lee Joon pasara un brazo tras mi cintura, sin despegarme de él. Los dos seguratas que había en esa puerta lo vieron y nos abrieron las puertas. Nos encontramos con un pasillo bastante largo el cual cruzamos entero para llegar a la habitación del fondo. Era una habitación blanca con una mesa en medio, parecía una especie de oficina pero con un sofá a la izquierda y mucho más grande. Parece ser que Totoro era una especie de empresaria de fiestas, porque viendo tanto papeleo y cosas formales...

- Parece ser que vamos a tener que esperarla... - dijo mirando mis labios rojos.
- Creo yo que sí - se acercó a mí pero evité sus labios para primero dejarle una marca de mi carmín en el cuello.
- Parece ser que eres muy revoltosa, cariño - dijo dando varios pasos hacia delante, haciendo que yo retrocediera y mi trasero chocase con la mesa.
- No sé qué te hace pensar eso... - le desabroché un botón de la camisa.
- Intuición - agarró mis muslos levantándome, haciendo que me sentara en la mesa.

Le hice un hueco entre mis piernas y este buscó mis labios, yo sonreí y dejé que me besara mientras sus manos subían por mis muslos hasta llegar a mi trasero, haciendo que mi falda pareciera incluso más corta. Nuestras lenguas empezaron una batalla campal y los botones de su camisa empezaron a ser inútiles. 

- Se suponía que estabas esperándome, aunque si estás ocupado te puedo prestar otra habitación - apareció Totoro tras la puerta.

Lee Joon se apartó y me dejó a su vista, la cual se sorprendió bastante, abrió más los ojos y sonrió.

- Aunque creo que podría unirme... - rió - te veo muy bien, Andrea - me miró de arriba a abajo. 
- Gracias - me bajé de la mesa - Vine buscándote y este hombre me ayudó - miré a Joon.
- ¿Y bien? ¿Qué quieres de mí? - dijo amigable mientras se acercaba.
- Me gustaría hablar contigo a solas, necesito tu ayuda y es un tema que te puede interesar bastante - sonreí perversamente.
- Oh, creo que promete - se apartó - ¿Te importa? - miró a Lee Joon.
- Vale, vale - alzó las manos enseñándonos sus palmas - pero a cambio quiero una continuación de lo anterior - tras eso, cerró la puerta.

Totoro estiró un brazo dándome paso al sofá en el cual me fijé antes. Le hice caso y me senté.

- Empieza a hablar, preciosa - me puso atención.
- Bueno, por donde empezar... - pensé - Desde la última vez que nos vimos han pasado bastantes cosas - proseguí - Taeyang me pidió ser su novia, todo iba perfecto - me pausé.
- No creo que... - solo con una mirada me entendió.
- Sí, créelo - le interrumpí.
- ¿Qué hizo? - preguntó.
- No... Nada... Prácticamente violarme haciendo que Taeyang entrara y nos viera. Nada grave... - me mofé.
- Bien, ¿tienes algo pensado? - esto empezaría a ponerse interesante.
- Tienes que ayudarme a encontrar a Zico y meterme en Block b - dije concentrada y enfadada.
- No va a ser para nada difícil, le estás dando lo que quiere, así que... - me aclaró.
- Daesung nos respalda, lo malo es que no quiero hacerles daño a los demás - dudé.
- No te preocupes, le vamos a dar a ese hijo de puta lo que se merece - se levantó - Tengo algo para ti.

Se levantó y se dirigió a la mesa. A saber, me podría esperar cualquier cosa. Se agachó y abrió uno de los cajones de su escritorio, cogió dos cosas que no pude ver ya que estaba de espaldas y se dio la vuelta.

- La vas a necesitar - me cedió una pistola con una funda para poder amarrármela en la pierna, ya que no habría otro sitio donde no se me viera - Y esto, por si me necesitas - me cedió una tarjeta con su teléfono.
- De acuerdo, mañana por la tarde te llamo y quedamos - me guardé la tarjeta en el sujetador e intenté engancharme la pistola.
- Trae, que te ayudo - me ofreció.

Le hice caso y puse el pie en la mesa, haciendo un pequeño ruido con mi tacón. Ella subió esa cinta por mi pierna lentamente, como si la estuviera acariciando a la vez. Llegó al filo de mi falta y la subió, dejando la pistola bastante arriba.

- Es la única manera de que no se vea - se puso de pie y se levantó un poco el vestido enseñándome una igual - ¿Ves? 
- De acuerdo - me levanté y me puse la falda bien - Pues hasta mañana.
- Anda, vete con tu ligue - me echó.
- Qué dices, yo me voy a mi casa - reí.
- Eres una rompecorazones, ¿eh? - rió conmigo.
- No, simplemente hoy - sonreí y salí.

La verdad es que no encontré a mi "ligue", me estaría esperando en la barra. Salí de allí y me monté en el coche, metí la llave y abrí la ventanilla. Me encendí un cigarro manchándolo con lo que quedaba de carmín en mis labios y arranqué.
Con un cigarro en la mano izquierda y el volante en la derecha, llegué a casa. Me bajé del coche y abrí la puerta con cuidado. Entré intentando no hacer ruido con los tacones. En ese largo pasillo, una puerta se abrió.

- Buenas noches - dijo Daesung apoyándose sobre el marco de la puerta - Entra - se metió de nuevo en la habitación.

Le hice caso y me dirigí hacia allá. Entré en la habitación y lo ví esperándome sentado en la cama, me di la vuelta y cerré la puerta.

- ¿Cómo te lo has pasado? - sonrió.
- Perfectamente, hasta me han regalado cosas - le conté.
- Sorpréndeme - me miró mientras yo me puse de lado y me subí la falda, dejando ver el arma - Wow... - exclamó.
- Totoro dijo que la necesitaría... ¿Por qué no hacerle caso? - pregunté con un poco de sarcasmo.
- Vale, ahora dime cual es tu plan, niña - dijo impaciente.
- Bueno... Puedo decirte que a partir de mañana me vais a ver poco por aquí - sonreí satisfecha.
- Me das miedo, no vayas a acabar tú mal... - intentó prevenir.
- No te preocupes, sé defenderme - predije.
- Espero - me miró preocupado.
- Bueno, voy a dormir que mañana va a ser un día muy ajetreado - con eso me despedí y me dirigí a mi habitación.

Llegué y me cambié, me lavé la cara y me miré al espejo. Puede que esto me haga rebajarme a su nivel, pero también me voy a divertir bastante. Nunca pensé que estar aquí me hiciera pensar de esta manera, siempre había sido muy vengativa pero lo que está por venir va a ser algo que no se suele esperar ni de mí.

- Al fin y al cabo, estoy aquí por algo - dije frente al espejo con una sonrisa bañada en malicia.

Volví a mi cama y me eché a dormir. Estaba bastante agotada así que no me costó coger el sueño.

El sonido del despertador sonó rompiendo mi sueño. Hoy tenía que ir a la universidad sí o sí, ya que a partir de ahora iba a faltar algún que otro día seguido. Me preparé y fui a la cocina. Abrí la puerta y vi a Taeyang sentado en la mesa, desayunando.

- ¿Cómo tú tan temprano? - dije cabizbaja.
- Me he acostumbrado a despertarme a esta hora - ni me miró. 
- Bueno... - cogí una barrita de chocolate que había por allí encima - Me voy, adiós - me despedí - Te voy a echar de menos.

Tras decir eso me fui rápidamente sin darle opción a contestarme. Como me dirigiera una palabra más sabría que me iba a echar hacia atrás, y ya no podía. Me monté en el coche y suspiré. Hoy iba a ser un día muy extraño... Puse el coche en marcha y empecé a conducir, hacía tiempo que no pasaba por este camino sola.

Ese nudo se volvió a hacer en mi garganta, pero tendría que olvidarlo aunque fuera por una temporada.