viernes, 7 de diciembre de 2012

SABOR A GOMINOLA


- Autora: Selene

- Twitter: @KimBora_sshi


- Tipo: EXO-M, Kris x fan, hetero, menores 18, oneshot




No sé cómo puede sentir algo así de alguien como tú y ni siquiera entiendo aun como puede existir alguien así.

La primera vez que te conocí sinceramente no me caíste muy bien, eras demasiado frio, distante y altivo… de acuerdo, es verdad, quizá yo intento parecer lo mismo muchas veces pero también admito que esas muchas veces no me caigo realmente bien.
Tus compañeros en cambio eran más abiertos, me trataron muy amablemente y fueron muy cálidos, realmente me cayeron muy bien en seguida.
De todas formas, tú, no entendía por qué, ni siquiera parecías intentar ser realmente amable conmigo, quizá en algún momento tuviste algún pequeño gesto como alcanzarme algo demasiado alto y fuera de mi alcance e incluso alguna pequeña, pero poco real, sonrisa.

Por suerte con el paso de los días notaba como te habrías lenta, demasiado lentamente, hacia mí, aun así segáis siendo distante y lo peor es que sabía que solo era conmigo.
En cambio aquel día te veías tan distinto, no me gustó verte así, no me gustó ver ese lado tuyo en una situación semejante, pero supongo que esas cosas no se pueden controlar, por desgracia. Por culpa del accidente de uno de los chicos estábamos allí, en el hospital, en aquella sala de espera y al contrario de lo que pensé, en ved de verte serio, y tranquilo intentando  tranquilizar y animar al resto de los chicos, eras el mas destrozado de todos, no hacías mas que andar de lado a lado todo lo larga que era aquella sala, nervioso y con una obvia y quizás demasiado preocupada expresión.
Pero sin duda lo que peor me sentaba de todo aquello era veros así, era verte así, no poder hacer nada y sentirme una completa inútil allí de pies a un lado de aquella sala, sin poder evitar que mi mirada viajase entre los chicos que esperaban allí sentados nerviosos pero intentando parecer tranquilos, animándose entre ellos e intentado aliviar el ambiente con pequeñas bromas y tú, entonces en uno de tus continuos giros para cambiar de dirección y seguir caminado vi como tus ojos estaban ligeramente enrojecidos. Estire la mano y adelanté ligeramente uno de mis pies enderezándome para alcanzarte, solo para volver a apoyar mi espalda contra la pared medio segundo después sin que te dieses cuenta, o eso pensaba yo, ya que como siempre me acobarde cortando mis gestos en seco.

Quede mirando el suelo sin fijarme en ningún punto avergonzada y apenada por mi estupidez, en un momento así lo que debía hacer era animarte no quedarme callada como siempre, y entonces oí tus pasos, notando como esta vez sonaban distintos, no pasaban de lejos por delante de mí, rápidos y nerviosos si no que se acercaban, aun nerviosos, pero más lentos, hasta que quedaste a mi lado, entre los chicos y yo, apoyado contra la pared y aprovechando tu posición para sujetar mi mano sin que ellos lo vieran, provocando que mi corazón se acelerara de golpe y mis ojos se abrieran como platos, aun mirando al suelo completamente en shock y sin atreverme a moverme, eso sí, ahora mirando un punto fijo, exactamente mirando nuestras manos ahora unidas, no del todo ya que no me atreví a cerrar la mía alrededor de la tuya.

Mi shock duro un buen rato, rato en el que tú no te moviste ni un ápice, así que decidí mirarte levantando solo ligeramente la cabeza para intentar que no vieses mi, ahora, sutil rubor.
Creí notar en ese momento que tus ojos ahora estaban algo más rojos que antes, me asuste, y al ver mi expresión intentaste sonreírme pero aun con esa expresión triste y preocupada. Me dolió verte así con las lágrimas a punto de salir y entonces reaccioné, te sonreí lo más alegre y sinceramente posible y apreté tu mano intentando darte las pocas fuerzas que yo misma sentía.

Estuvimos así cogidos de las manos sin movernos de aquella pared durante el resto del tiempo hasta que llego el doctor, te acercaste el primero a él para poder escuchar lo que tenia decir, aun sin soltarme ya sin importarte que los chicos vieran nuestras manos unidas. Al terminar de hablar y marcharse, tus lágrimas no aguantaron más y empezaron a brotar sin que pudieses evitarlo de ninguna forma, nunca pensé poder llegar a verte así, pero lo que más me sorprendió no fue eso si no que, sin previo, aviso me abrazaste, apretándome contra tu pecho, intentando esconder tu rostro en mi hombro, sin llegar a conseguirlo por culpa de la gran diferencia de altura, no pude evitar que mis mejillas se encendieran a un vivo, muy vivo, color rojo y mi corazón empezase a latir descontrolado como loco, por suerte los chicos no podían llegar a ver de mi más que los brazos que, sin saber con qué fuerzas, habían llegado a rodear tu cintura.
Por suerte tardaste en separarte de mí por lo que cuando lo hiciste, aun que mi corazón seguía a mil por hora, mis colores habían bajado de tono considerablemente, entonces nos dimos cuenta de que los demás no estaban, habían entrado a ver al accidentado del que ahora se oían risas a través de la puerta de la habitación donde se encontraba, quizás algo dolorido, pero sano y salvo. Yo no sabía dónde mirar y sorprendentemente tú tampoco, eso me hizo gracia, de repente hablaste, rascándote ligeramente la nuca algo avergonzado, me diste las gracias por animarte aun sin decir nada y darte fuerzas cuando las necesitabas, sinceramente no entendía por qué me lo decías y así te lo dije, respondiéndome entonces tan solo con una sonrisa que provoco que me derritiera y que mi corazón aun acelerado no pudiese volver a palpitar normalmente de momento.

Después no hiciste más que empeorar la situación cuando con una de tus manos volviste a sujetar la mía y la otra la llevaste hasta mi mejilla obligándome a mirarte y provocando que mis colores volvieran a subir notablemente, que me estremeciera y poco después que se me parase por completo el corazón cuando te agachaste ligeramente hasta ponerte a mi altura y acercar tu rostro al mío con los ojos entrecerrados, mirando directamente a los míos durante barios segundos para después cerrarlos completamente y colocar un dulce y suave beso sabor gominola sobre mis labios, cuando te apartaste, demasiado pronto para mi gusto, solo podía mirarte incrédula sin poder creer todo aquello cuando tú, que parecías dispuesto a provocarme un ataque ya fuese de locura o de corazón aprovechando que estábamos en un hospital, tomaste mi silencio y mi expresión como un “yo también” después de susurrarme al oído provocándome suaves cosquillas con tus perfectos labios, que me amabas, moviste la mano con la me sujetabas la mía hasta mi nuca y haciendo lo mismo con la que tenias apoyada en mi mejilla enredando tus largo dedos entre mi pelo en una suave caricia y volviendo a acercarme a ti en un dulce y, ya no tan suave como el primero pero, perfecto beso con ahora un sabor más intenso a gominola, que desee nunca terminara mientras entrelazaba mis dedos sobre tu espalda en un abrazo.



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